Ni Pobrecitos, Ni Superhéroes, ¡Deportistas!

Actualizado: ene 4

El día de hoy inauguraremos la sección #LosEspecialistas en la que le daremos el espacio a profesionales del management y el deporte a que nos cuenten su experiencia en la gestión desde su área de expertise.


No encontré mejor manera de empezar, que hablando de un tema del que se habla poco, y se sabe aún menos, la gestión del deporte paralímpico. Para esto, invité a Wanda Holtz, la especialista del país, con amplia experiencia en el alto rendimiento, Magister en Gestión Deportiva, Licenciada en Educación Física y Kinesióloga. Pero sobre todo, una gran persona, compañera y profesional que entiende la gestión desde la pasión y la razón, que nos aportará todo su conocimiento sobre el área en este posteo.


Introducción: Brum Gastón

El principal problema que enfrenté a la hora de gestionar en el ámbito del deporte paralímpico es el desconocimiento. No me refiero a la especificidad propia de un deporte, las tantas categorías o el entrenamiento, ya que eso es ámbito de los equipos técnicos y muy detallista. Hablo de la falta de información, la que debería impartirse en la escuela primaria o antes.


Por lo tanto, empecemos por lo básico, una persona con discapacidad es eso: una persona con discapacidad. Como dice Constanza Orbaiz no tienen necesidades especiales ni capacidades diferentes, y no son angelitos, ni pobrecitos.


En la gestión del alto rendimiento paralímpico he recibido solicitudes basadas en lo caritativo, en la compasión y en la creencia de que “no puede”. A esto lo llamo discriminación invertida, un término poco común que lo uso principalmente cuando identifico beneficios, por el puro hecho de que la persona posea algún tipo de discapacidad. No lo juzgo, lo entiendo, es desconocimiento.


Una persona con discapacidad no se convierte en un atleta de alto rendimiento solo por practicar deporte. Para medir o analizar el nivel del deportista, se deben usar los mismos parámetros que en el deporte olímpico: tiempo, marca, posicionamiento en el ranking, resultados en las competencias, análisis de rivales, curva evolutiva, etc.


Por lo tanto, para acceder a los derechos que el alto rendimiento conlleva (apoyos, becas, premios, etc.) los deportistas o equipos deben estar a la altura de las obligaciones y los estándares mínimos requeridos. Para gestionar con igualdad, se debe analizar la posibilidad de éxito, el ganar o subirse al podio, a cualquier precio, dentro de las reglas del juego y del dopaje.


Si bien la mayoría de los atletas y entrenadores paralímpicos elogian, concuerdan y están a favor de las exigencias requeridas a cambio de los “beneficios”, una pequeña parte de éstos, dirigentes y gestores del deporte desearían que no fuera así y que la gestión deportiva del alto rendimiento se “solidarice” con la discapacidad.


Siguiendo posteos de este blog, lamento contarles que en más de una oportunidad sucede que, por desconocimiento, en las organizaciones van a encontrar que “el enemigo viste como tú” y podrán observar que el ámbito paralímpico no está exenta de los “Complejos de Gasparín”.


Son experiencias de vida, inherentes a la gestión deportiva, con las que hay que aprender a convivir, educando y mostrando el deporte de alto nivel paralímpico, tratándolos como los atletas que son, no como pobrecitos o campeones de la vida.


Tal vez suene un poco duro pero el alto rendimiento es de esa forma: hiriente, elitista, exclusivo, egoísta. Solo hay un campeón y dos que lo escoltan, el resto… ¡tendrá que seguir trabajando mucho!


Es por ello que, a la hora de gestionar, hay que ver más allá de la discapacidad e identificar a los verdaderos atletas.


Lic. Wanda Holtz



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